Creíamos que sabíamos lo que nos gustaba ponernos, pero ahora que nadie nos ve, nuestra forma de vestir ha cambiado ¿cierto?
“La ropa y nuestra vestimenta son un una carta de presentación. Una forma de lenguaje que nos relaciona o clasifica dentro de la sociedad. Cuando vamos a una boda, a salir por la noche o a tomar un café, seleccionamos la ropa en concordancia con lo que se nos ha enseñado que es adecuado para ese momento. Incluso aquellas personas que no cambian su estilo de un evento a otro, han llegado a esa forma de actuación como respuesta al entorno”, explica la psicóloga Maite Prego.
Vestir de una forma u otra es una forma de dialogar con la sociedad, por lo tanto para una sociedad que ahora vive de puertas para dentro las reglas han dejado de existir.
Mucha otra gente está sintiendo estos días otro tipo de libertad que, irónicamente, está ofreciendo este encierro en cuanto nuestra vestimenta del día a día. La cuarentena nos abre las puertas a ser los creadores de nuestras propias leyes: comemos cuando tenemos hambre, bailamos cuando queremos bailar y, también, vestimos lo que nos da la gana. Ya no hay ni eventos, ni desconocidos a nuestro alrededor. No hace falta que mandemos ningún mensaje. Es aquí donde entra en juego una gran regla del ser humano buscar trabajar menos y, por tanto, ahorramos ese tiempo.

En su libro La presentación de la persona en la vida cotidiana, el sociólogo Erving Goffman desarrolló una teoría sobre la identidad que se centraba en analizar el grado de fingimiento del ser humano. Según su análisis, las personas llevan a cabo una interpretación para crear cierta impresión ante el público que les rodea.
También las actitudes que tenemos almacenadas en nuestro bagaje personal influyen en el hecho de que ciertos comportamientos o indumentarias nos hagan sentir mejor. O en otras palabras: lo que se nos ha enseñado que está bien o mal en sociedad, aún estando solos, continúa oprimiendo nuestras rutinas. Muchos de nosotros seleccionamos la ropa buscando repetir o evitar reacciones que se dieron en el pasado. Todo esto son piezas del rompecabezas que va formando nuestra imagen personal y nuestra autoestima.
Y es esa autoestima la que buscamos en ese labial que un día sin más nos hemos puesto en loslabios para seguir trabajando o leyendo como habíamos hecho hasta entonces, o cuando planchamos la camisa que nadie va a ver. Lo hacemos para un público imaginario, puede ser, pero también para rescatar la esencia de lo que un día nos hizo sentir bien.
Y ahí es donde realmente se encuentra lo interesante de este experimento al que nos enfrentamos con esto de la cuarentena, dar con la esencia personal sepultada por las “normas” que nos impone la sociedad y que ahora, por fin, podemos redescubrir lo que nos define en la intimidad de nuestro hogar.

Exploremos nuestros propios gustos, vistamos con pijamas de animalitos, pero también con lentejuelas y vestidos cortos si nos hace sentir mejor. Probemos, riamos, desechemos y redescubrámonos libres de prejuicios.







Agregar comentario